Quien entra en la Richardplatz, en el distrito berlinés de Neukölln, vive un momento de absoluta tranquilidad. Mientras que a solo unos metros de distancia el tráfico de la Karl-Marx-Straße bulle, aquí parece que el tiempo se ha detenido. La amplia plaza, con su característico empedrado, constituye el corazón de Rixdorf, un barrio que ha conservado su alma rural a lo largo de los siglos.
De los templarios y los refugiados bohemios
La historia de este lugar tan especial se remonta a la Edad Media. En el siglo XIV, la Orden del Temple fundó el pueblo «Richardsdorp», que más tarde se convertiría en Rixdorf. La plaza Richardplatz servía como la típica plaza del pueblo. El asentamiento vivió un punto de inflexión decisivo en 1737, cuando el rey Federico Guillermo I permitió que se establecieran allí refugiados protestantes de Bohemia. Así surgió «Böhmisch-Rixdorf», justo al lado del pueblo alemán ya existente.
Sin embargo, durante mucho tiempo, a Rixdorf le precedía una reputación dudosa. Hacia 1900, el lugar era sinónimo de diversión desenfrenada, antros oscuros y delincuencia, una imagen que era una espina clavada para la administración prusiana. Para marcar un nuevo comienzo, Rixdorf pasó a llamarse oficialmente Neukölln en 1912, con motivo del 40.º aniversario del entronización del emperador Guillermo II. La Richardplatz, sin embargo, se conservó como reliquia histórica.

Tesoros históricos en Rixdorf
El edificio más llamativo de la plaza es sin duda la iglesia de Belén. Esta pequeña iglesia de piedra del siglo XV, con sus gruesos muros, parece casi una fortaleza en miniatura y recuerda los modestos comienzos de la comunidad. A solo unos pasos de distancia se encuentra otro punto destacado: la herrería histórica. Aquí se trabaja con el yunque desde 1797. Que una herrería en funcionamiento haya sobrevivido en medio de una moderna metrópolis de millones de habitantes roza lo milagroso y convierte la plaza en un museo viviente.
Gastronomía entre la tradición y la cultura del barrio

Si tanta historia te ha abierto el apetito, no hace falta que te vayas de aquí. En la Villa Rixdorf, un magnífico edificio de ladrillo justo en la plaza, la hospitalidad berlinesa es lo primero. Aquí puedes embarcarte en un viaje culinario a través del tiempo y disfrutar de auténticos clásicos. Las albóndigas de Königsberg son una visita obligada para cualquiera que adore la cocina sustanciosa de la región de Brandeburgo.
Un detalle especialmente bonito para todos los conocedores del barrio: la antigua cafetería «Fräulein Pilz» ha vuelto a abrir sus puertas. Este pequeño y encantador quiosco es toda una institución en la Richardplatz y forma parte del paisaje urbano tanto como los árboles centenarios. Como local de comida tradicional, vuelve a atraer hoy en día con clásicos como la salchicha al curry y las patatas fritas.
Ya sea para saciar un hambre rápida o para charlar un rato: «Fräulein Pilz» encarna ese espíritu de vecindad que hace que este lugar sea tan especial. Una visita a la Richardplatz es, por tanto, mucho más que simple turismo; es vivir el Berlín auténtico, que a pesar de los constantes cambios nunca ha olvidado sus raíces.