Cualquiera que viaje mucho por Europa sabe que no siempre hace falta un avión para ir de A a B. La mayoría de las capitales europeas están excelentemente conectadas: por ejemplo, Berlín y París con el tren nocturno, que se puso fuera de servicio en diciembre pero que reaparecerá en marzo de 2026. Otra de las favoritas es la conexión con el tren cultural de Berlín a Breslavia (Polonia), que también se cancela a partir del mes que viene -hasta ahora sin perspectivas de reanudación-. Aunque nos enfrentamos a algunas cancelaciones en el transporte ferroviario, también hay buenas noticias: La Comisión Europea planea trenes rápidos en Europa, que reducirán a la mitad la duración de los trayectos. Esto significa que en el futuro ya no serán necesarias siete horas para viajar de Berlín a Copenhague, sino sólo cuatro. Siga leyendo para saber cómo será en realidad.

Europa estará más conectada que nunca en 2040. Con la introducción de los trenes de alta velocidad, parecerá que los demás países de la UE se acercan de repente a nosotros, pero en realidad los tiempos de viaje simplemente se reducirán drásticamente. La Comisión Europea quiere fomentar el transporte ferroviario de alta velocidad para alcanzar este objetivo. En concreto, se introducirá una velocidad básica de 200 km/h en la red básica europea. Las diferencias en la duración de los trayectos serán especialmente notables en el este y el sur de Europa: La duración del trayecto entre Madrid y Lisboa, por ejemplo, se reducirá de nueve a sólo tres horas, y la ruta entre Budapest y Bucarest podría cubrirse en el futuro en 6 horas y 15 minutos en lugar de 15 horas. Los trenes rápidos se convertirán así en una atractiva alternativa a los vuelos de corta distancia.

El proyecto suena más que tentador, pero necesita tiempo para prepararse. Su realización no está prevista hasta 2040 y no pueden descartarse retrasos en un proyecto de esta envergadura. La Comisión Europea prevé unos costes elevados, de unos 345.000 millones de euros, para este ambicioso plan. A velocidades muy superiores a 250 km/h, el gasto total podría incluso ascender a 546.000 millones de euros, y el proyecto se retrasaría hasta 2050. La financiación pública por sí sola no bastará. Por eso la UE confía en una financiación mixta de subvenciones comunitarias, inversión privada y préstamos del Banco Europeo de Inversiones y los bancos nacionales de desarrollo.