No siempre son los castillos conocidos y abarrotados de Berlín y sus alrededores los que más fascinan. A menudo son precisamente los tesoros ocultos y menos conocidos los que impresionan aún más por su ambiente, su historia y su arquitectura. ¿Conocíais ya el castillo de Wiepersdorf, que se hizo famoso gracias a la famosa pareja de artistas von Arnim , o el castillo de Marquardt, que incluso sirvió de doble para la residencia real británica de Sandringham en películas de Hollywood? Hemos descubierto para vosotros otro castillo que no forma parte de los destinos clásicos más populares, pero que merece totalmente la pena: el castillo de Roskow. Se encuentra en la pequeña localidad de Roskow, al oeste de Berlín, no muy lejos de Brandeburgo del Havel.

Rodeado de campos, árboles centenarios y mucha naturaleza, el entorno transmite una sensación de tranquilidad y es el símbolo perfecto del espíritu típico de Brandeburgo. Desde Berlín se llega al castillo en aproximadamente una hora, lo que lo convierte en un destino ideal para una escapada espontánea .
Construido originalmente como casa solariega con un pasado nobiliario, el castillo de Roskow presenta una arquitectura más bien clásica y de una elegancia sobria, en lugar de ostentosa. Forma parte de una finca histórica con parque y ha sido reformado varias veces a lo largo de los años, con diferentes usos. A diferencia de los grandes castillos residenciales, Roskow no destaca por una puesta en escena opulenta, sino por su carisma discreto, casi melancólico.

El parque del castillo es uno de los principales atractivos del complejo. Árboles centenarios, amplias zonas verdes y un ambiente tranquilo, casi meditativo, lo convierten en un lugar ideal para dar paseos, hacer sesiones de fotos o pasar tardes relajadas lejos del bullicio de la ciudad.
El castillo se utiliza a menudo para proyectos artísticos y conciertos exclusivos , ya que los artistas buscan específicamente lugares con un ambiente especial y profundidad. Las salas parecen un escenario natural, casi cinematográfico, que confiere a los proyectos un efecto único. Por eso, los eventos allí se perciben como mucho más íntimos y especiales que en los lugares clásicos.