Berlín siempre ha sido un escenario para las mayores leyendas de la música del mundo. Pero durante la división de Alemania, los conciertos adquirieron un significado que iba mucho más allá de la música. Cuando David Bowie actuó en 1987 y Michael Jackson en 1988 frente al Reichstag, también había mucha gente escuchando al otro lado del Muro. Finalmente, en el verano de 1988, Bruce Springsteen hizo historia en el mundo de la música en pleno Berlín Oriental. Ante unas 160 000 personas, la estrella del rock estadounidense dio uno de los conciertos más importantes de su carrera y lanzó un mensaje a su público que aún hoy resuena. Solo 16 meses después cayó el Muro de Berlín.

El 19 de julio de 1988 ocurrió algo extraordinario en Berlín Oriental. La estrella del rock estadounidense Bruce Springsteen actuó ante cientos de miles de personas en el velódromo de Weißensee, escribiendo así un capítulo de la historia de la música alemana. En una época en la que el Muro de Berlín aún dividía la ciudad en dos y la cultura pop occidental estaba sometida a control político en la RDA, uno de los músicos más famosos del mundo se subió a un escenario en la parte este de la ciudad. Lo que en un principio se planeó como un concierto de rock a lo grande acabó convirtiéndose en una noche que cobró un significado que iba mucho más allá de la música.
Lo más destacable fue que los propios dirigentes de la RDA habían autorizado el concierto. Lo organizó la Juventud Libre Alemana (FDJ), la organización juvenil estatal de la RDA. Pero mientras los responsables esperaban ganarse la simpatía de la juventud con la superestrella estadounidense, Springsteen aprovechó su actuación para transmitir un mensaje sobre la libertad y la superación de las fronteras. Apenas unos 16 meses después caería el Muro de Berlín.
Los responsables políticos se fueron dando cuenta poco a poco de que las prohibiciones estrictas por sí solas no bastaban para ganarse a la generación joven para el sistema socialista. En su lugar, se pensó que los grandes conciertos con artistas internacionales demostrarían que también la RDA podía ofrecer una oferta cultural atractiva. A los responsables, Bruce Springsteen les pareció un artista relativamente adecuado para ello. El músico estadounidense era conocido por sus letras de crítica social, en las que a menudo abordaba la realidad de la clase trabajadora estadounidense, la desigualdad social y las dificultades económicas. Por eso, su música se podía conciliar, al menos en parte, con las ideas políticas de los dirigentes de la RDA.

Mucho antes de que empezara el concierto, ya se veía que la noche iba a superar todas las expectativas. Se habían vendido unas 160 000 entradas, pero mucha más gente se dirigió al velódromo de Weißensee sin entrada. Ante la enorme afluencia de público, al final se dejó entrar a más gente al recinto.
A día de hoy sigue sin saberse con certeza cuántas personas asistieron realmente. Mientras que las cifras oficiales hablaban de unas 160 000 entradas vendidas, muchas estimaciones posteriores apuntan a hasta 300 000 asistentes. Esto convirtió al concierto en uno de los mayores eventos de rock que jamás se hayan celebrado en la RDA.
Las entradas costaban 20 marcos de la RDA. Para muchos fans, esto supuso una oportunidad única de ver en directo a un músico estadounidense aclamado internacionalmente sin tener que viajar al Oeste. Ya horas antes de que empezara el concierto, la gente se iba reuniendo en el recinto. Algunos habían traído banderas estadounidenses hechas a mano, mientras que otros simplemente querían disfrutar de ese ambiente tan especial.