A 45 minutos del centro de la ciudad se encuentra el pueblo más antiguo de Berlín, con una iglesia barroca y un aire brandeburgués; en este idílico lugar brota la última fuente de agua «libre» de Berlín.
Cuando en primavera los dientes de león brotan del asfalto, muchos berlineses sienten una creciente nostalgia por la naturaleza y por bajar el ritmo. Y a quienes no tengan coche, les recomendamos un viaje...