En medio del azul resplandeciente del Rügischer Bodden, a unos tres kilómetros al este de la isla de Vilm, se alza una extraña estructura sobre las olas. Lo que desde lejos parece una solitaria fortaleza marítima es una fascinante reliquia de la historia militar de la época de la RDA. La antigua estación de desmagnetización de Lauterbach de la Marina Popular, a menudo también llamada «Ostervilm».
El misterio de la estación de desmagnetización de Lauterbach
La historia de la isla artificial comenzó a principios de la década de 1950. La Marina Popular necesitaba una instalación para proteger a sus buques de guerra de las minas marinas magnéticas. Estas minas reaccionan al campo magnético que generan los grandes objetos de acero en el agua. En la estación, los barcos eran «desmagnetizados» mediante potentes descargas eléctricas a través de bucles de cable tendidos en el agua, lo que los hacía prácticamente invisibles para los detonadores de las minas.

La estación no es una isla natural, sino una singularidad arquitectónica. Los cimientos están formados por unos 600 pilotes de roble y hormigón, que se hincaron profundamente en el lecho marino para sostener la plataforma de unos 250 metros cuadrados. En esta superficie artificial hay dos edificios principales: la antigua vivienda para los soldados destinados allí y la sala de máquinas para los generadores. Hoy, sin embargo, todo está en ruinas. Miles de cormoranes utilizan los tejados como lugar de descanso, mientras el óxido carcome sin cesar la estructura.
En las inmediaciones de la «isla prohibida»
La vista desde la estación se dirige inevitablemente hacia la cercana isla de Vilm. Mientras que la estación de desmagnetización era un lugar de tecnología, Vilm se consideraba la zona restringida más prestigiosa de la RDA. A partir de 1959, sirvió al Consejo de Ministros como residencia de vacaciones exclusiva. Funcionarios de alto rango como Erich Honecker se relajaban allí en bungalós estrictamente protegidos. Esta proximidad a la «isla prohibida» hizo que toda la zona permaneciera durante décadas como un punto en blanco en el mapa.

El drama de la subasta
El futuro de la plataforma es incierto. De hecho, ya ha habido varios intentos de vender la estación. Ya en 2009, la isla se subastó por 16 000 euros, pero su uso siempre fracasó debido a las estrictas restricciones. Como la estación se encuentra en medio de la Reserva de la Biosfera del Sudeste de Rügen, las autoridades medioambientales prohíben cualquier uso civil o urbanización. Además, el estado de la estructura es tan precario que una rehabilitación apenas sería rentable.
Sin embargo, el inmueble volverá a salir a subasta en el verano de 2026. La subasta, organizada por Norddeutsche Grundstücksauktionen AG (NDGA), tendrá lugar en Hamburgo; la puja mínima es de 39 000 euros. Queda por ver si se encuentra un comprador para este monumento cargado de historia, pero inhabitable.