En Berlín y sus alrededores hay parques y zonas verdes muy bien diseñados. En la isla del castillo de Köpenick encontrarás un pintoresco parque barroco, y a solo unos 50 kilómetros de la capital se extiende un jardín paisajístico inglés de más de 100 hectáreas, lugares perfectos para dar idílicos paseos. Pero estar en plena naturaleza salvaje e intacta es una sensación completamente diferente. Afortunadamente, en Brandeburgo hay algunos lugares auténticos que transmiten precisamente esa sensación: desde Nonnenfließ, pasando por el único bosque de hayas virgen de gran extensión del estado federado, hasta la reserva natural de Döberitzer Heide. Esta última tiene una extensión de unas 5000 hectáreas y, geológicamente, pertenece a la llamada meseta de Nauen.

Originalmente, Döberitzer Heide era una zona predominantemente boscosa, pero hoy en día se presenta como un paisaje amplio y abierto con brezales, zonas arenosas, praderas secas, pantanos y bosques de abedules y robles. Su uso militar comenzó a principios del siglo XVIII y se documentó por primera vez en 1713. A partir de 1892, el terreno se convirtió oficialmente en el campo de maniobras de Döberitz y se convirtió en uno de los más grandes de Alemania. En 1910 se inauguró aquí un aeródromo propio y, durante los Juegos Olímpicos de 1936, partes del terreno se utilizaron para competiciones militares.
El uso militar continuó, bajo diferentes ejércitos, hasta la retirada de las tropas soviéticas en 1991. Precisamente este aislamiento durante décadas impidió la agricultura intensiva y la urbanización. De este modo, se conservaron grandes espacios abiertos, una razón decisiva para la extraordinaria biodiversidad que caracteriza hoy en día a la zona.

Una auténtica atracción de Döberitzer Heide: en una zona central vallada viven bisontes europeos y caballos de Przewalski. Los animales se encargan del mantenimiento natural del paisaje y garantizan la conservación de los brezales abiertos. Con un poco de suerte, se pueden observar desde determinados miradores: una sensación de safari en pleno Brandeburgo. Además, la zona es el hábitat de especies amenazadas como el águila marina, la alondra de los brezales y el lagarto de collar. También prosperan plantas raras en los suelos pobres en nutrientes, por lo que el brezal de Döberitzer Heide se considera un auténtico punto caliente de biodiversidad.
Aunque aquí no hay safaris clásicos en jeep como en África, sí se pueden realizar safaris por la naturaleza a pie o en el marco de visitas guiadas. Puedes moverte por los caminos señalizados de la denominada zona circular de experiencia natural. Desde torres mirador o espacios abiertos, a menudo se pueden avistar animales en la lejanía, por lo que vale la pena llevar prismáticos.
Además, la Fundación Heinz Sielmann ofrece regularmente visitas guiadas con guardabosques. En ellas aprenderás más sobre la reintroducción del bisonte europeo, los proyectos de conservación de especies y la historia del antiguo campo de maniobras militares. La zona central está estrictamente protegida y no se puede acceder a ella en coche, por lo que no se permiten las excursiones en jeep.