Visitar solo lugares perfectos en cuanto a arquitectura y naturaleza acaba resultando monótono a la larga. Aunque alrededor de Berlín hay impresionantes lugares emblemáticos —comocastillos neoclásicos junto al agua que casi recuerdan al lago de Como, o parques de cuento de hadas—, los lugares dignos de una película no siempre tienen que ser impecables. Mientras que Görlitz, con su casco antiguo bien conservado, se considera un escenario de Hollywood, muy cerca de Berlín hay un lugar que, precisamente por su aislamiento, se ha convertido en un escenario de cine: el cuartel de Krampnitz.

Escondido en el bosque se extiende un enorme recinto con más de 50 edificios, que estuvo completamente abandonado durante mucho tiempo y que aún hoy irradia una atmósfera casi surrealista. Construido a partir de 1937 como escuela central de equitación del ejército de la Wehrmacht, el complejo servía para la formación de oficiales en equitación y en el manejo militar de los caballos. Al ser una de las escuelas de equitación más grandes de Brandeburgo, Krampnitz tenía un diseño muy amplio, con varios picaderos, establos, extensas zonas de entrenamiento y edificios representativos al estilo monumental de la época.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo se hizo cargo del recinto y lo siguió utilizando con fines militares durante décadas. No fue hasta la década de 1990, tras la retirada de las tropas soviéticas, cuando se abandonó el cuartel. En los años siguientes comenzó el deterioro: se rompieron las ventanas, algunos tejados se derrumbaron y la naturaleza fue recuperando el terreno poco a poco.

Precisamente este estado crudo y sin embellecer convirtió más tarde a Krampnitz en un codiciado escenario de rodaje. El recinto se hizo especialmente famoso por la película «Malditos bastardos», de Quentin Tarantino, en la que partes de las instalaciones sirvieron como lugar de rodaje. Desde entonces, el cuartel también se considera uno de los lugares abandonados más conocidos de los alrededores de Berlín.
Hoy, sin embargo, el recinto está en plena transformación. Ya no es posible explorarlo libremente, ya que gran parte del recinto está acordonado y se está convirtiendo poco a poco en un nuevo barrio. Se han previsto complejos residenciales, infraestructuras y zonas verdes, lo que transformará por completo el antiguo recinto militar a largo plazo.